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A dos años de la aprobación de la ley de cannabis medicinal y su reglamentación parcial, la situación de las personas que acuden a los derivados de esta planta para tratar diferentes patologías que van desde la esquizofrenia al dolor crónico, pasando por trastornos del espectro autista y cáncer, es la misma: dependen del autocultivo, el cultivo solidario o los productos derivados que compran sin conocer su procedencia.

Tener una planta de marihuana es ilegal. También lo es tener un aceite de cannabis que no sea el Charlotte’s Web (el único habilitado por prescripción médica para la importación, en Argentina). Sin embargo, solo basta con googlear un poco para que se despliegue un mercado de estos productos, que en el caso del óleo ascienden a un valor de hasta 3 mil pesos los 10ml. “Personalmente no recomiendo comprar el aceite. Esto es ilegal, no se compra”, sostuvo tajante el Dr. en Química, Gastón Barreto, y agregó: “Es más que nada un planteamiento ideológico, porque si hay necesidad personal de consumir, se requiere un compromiso desde otro lugar”.

Ese lugar es la información, acompañamiento y acciones concretas que resguarden la salud de las personas. En este sentido, desde la Facultad de Ingeniería de la UNICEN, el docente dirige proyectos que contemplan varías líneas, como la formación con sustento científico, o el análisis químico de derivados cannábicos que acercan médicos que acompañan a sus pacientes en la decisión de incorporar este complemento.

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Hasta el momento se han analizado alrededor de 15 aceites; su composición cualitativa, su determinación cuantitativa de THC (Tetrahidrocannabinol, el componente psicoactivo) y CBD (cannabidiol), y el análisis microbiológico, todo en los Laboratorios del Departamento de Ingeniería Química y Tecnología de los Alimentos de la FIO. “El pedido lo pueden hacer los médicos a través de una planilla que se solicita a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.”, señaló. Hasta el momento, todos resultaron con niveles dentro de todo normales, y lo más importante, sin presencia de contaminantes bacteriológicos.

Con el marco regulatorio existente, “la vía más segura es asesorarse, acceder a los talleres de las ONG’s y obtener tu propio aceite, siempre con acompañamiento médico”, remarcó Barreto. La realidad muestra que el consumo de aceite de cannabis está cada vez más instalado para diversos tratamientos, a pesar de que la única patología bajo la órbita legal es la epilepsia refractaria. “Es en el único caso donde un médico puede recetarlo y se puede importar”, afirmó. También hay otro recurso y es el amparo legal para poseer una planta: “hay pocos en el país, pero han hecho lugar al cultivo familiar para el uso medicinal. Sin amparo estás expuesto legalmente, que es lo que sucede con el 99 por ciento de las personas que están cultivando con estos fines”, señaló el investigador.

A paso lento, pero firme

En Olavarría, la asociación Cannabis Activa suele brindar información y talleres respecto a prácticas de cultivo, de extracción y demás. Esta agrupación integra uno de los proyectos de la Universidad y a nivel local, participó de la convocatoria a la Marcha Mundial de la Marihuana el pasado 4 de mayo, donde entre varios reclamos, se pidió por mayor financiamiento para investigación.

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“También hay otras organizaciones en la región que sostienen este tipo de reuniones informativas de manera periódica”, contó Barreto. Es el caso de Cannabis Medicinal Tandil, que ha tenido un fuerte impacto en la organización social: “es excepcional porque como ellas mismas dicen son unas viejas canosas, y militan el tema las 24 horas. Lograron el acceso lamentablemente por una cuestión de estereotipos y prejuicios, pero llegan mucho más que un flaco de 35 años con rastas”, opinó, y detalló que suelen tener consultas de médicos de Olavarría, ya que allá trabajan con 130 médicos, y con el área de Salud de la Municipalidad de Tandil. “Siempre lo pongo como ejemplo porque ahí explotó, está totalmente legitimado el trabajo de la asociación y los talleres, que los hacen en espacios de la Universidad o de la Municipalidad. Tienen el acompañamiento del Ejecutivo que acciona y financia”, destacó, y es tan así, que de la capacitación que el Dr. Fernando Sepúlveda dará en el marco del curso “Salud y Cannabis”, el municipio tandilense organizó actividades en aquella localidad. "Acá estamos un poquito más atrasados en ese sentido", expresó.

“En la ciudad suceden muchas cosas pero pocos se animan a mostrarlas. Hay gente cultivando, médicos acompañando tratamientos, algunos no porque lo elijan sino porque hay una ley de derecho al paciente. Hay profesionales afines pero falta que se junten, que alguien, una entidad tal vez, los nuclee un poco”, opinó Barreto.

Salud y Cannabis

Como una de las primeras acciones, la Facultad de Ingeniería impulsó junto a la Facultad de Ciencias Sociales, la Escuela de Ciencias de la Salud Cannabis Activa Olavarría y CAMEDA (Cannabis Medicinal Argentina) el curso "Salud y Cannabis", declarado de interés legislativo por el Honorable Concejo Deliberante. Se trata de una materia optativa, abierta y gratuita, que cuenta con la asistencia de 50 estudiantes de Medicina, más una veintena de personas que asisten a los módulos de su interés particular. El viernes, el Dr. Gastón Barreto estará a cargo del módulo sobre Química de Cannabis.

Se trata de la segunda materia electiva de este tipo en el país, y la primera que cruza tantas disciplinas, ya que entre sus docentes hay profesionales de antropología, medicina, psiquiatría, química, bioquímica y abogacía. “Estamos recorriendo mucho en pasos firmes desde la academia, aunque el proyecto es más de militancia que de otra cosa”, expresó Barreto, que junto a los referentes de cada institución, trabaja con investigadores/as, docentes y nodocentes de la UNICEN.

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Finalmente resaltó que el tema ya está instalado socialmente, y que “antes tenía más consultas de personas que pensaban que era doctor. Hoy la gente se las arregla, lo compra por Mercado Libre. Por eso hay que discutir adentro de las instituciones el cómo se controla”, y apuntó: “no puede seguir librado a que cualquiera consuma cualquier cosa ni a que se genere un mercado paralelo negro del cannabis de uso medicinal. Acá es donde surgen sentimientos ambiguos: todo lo que se trabajó para poner el tema en escena; el Estado y una ley en año impar porque es electoral y no se instrumenta; la falta de marco regulatorio, terminó por alimentar un mercado negro. La gente sigue en la misma escena que antes de la ley. Tal vez con un poco más de flujo de información, pero igual en la sombra”, concluyó.

Fuente: Facultad de Ingeniería - UNICEN